Desde pequeños, los niños y niñas tienen una capacidad innata para imaginar, inventar historias y crear personajes diferentes. Aunque jugar con disfraces a menudo pueda parecer solo diversión, en realidad aporta un desarrollo muy enriquecedor.
Cuando juegan a ser superhéroes, brujas, piratas, médicos o profesores, expresan lo que sienten y lo que viven. A través del juego intentan comprender el mundo que les rodea y asimilan y gestionan situaciones cotidianas. Por ejemplo, si han ido al médico, es posible que después jueguen a ser médicos para entender mejor esa experiencia.
El juego simbólico con disfraces les ayuda en diferentes áreas:
- Desarrollo cognitivo y creatividad: Inventan historias, situaciones y soluciones. Ponen en marcha la imaginación y desarrollan el pensamiento simbólico (dando nuevos significados a objetos cotidianos).
- Lenguaje y comunicación: Amplían su vocabulario, mantienen conversaciones y aprenden nuevas formas de expresarse.
- Gestión emocional: Tienen la oportunidad de expresar miedo, alegría o enfado de forma segura. Jugar a ser otra persona les permite actuar con mayor libertad.
- Desarrollo social: Cuando juegan con otros, aprenden a compartir, respetar turnos y acordar roles. Además, desarrollan la empatía al ponerse en el lugar de los demás.
- Desarrollo físico: Al vestirse, moverse e interpretar personajes, también trabajan sus habilidades motrices.
- Autoestima: Probar diferentes roles refuerza su seguridad y confianza. Se sienten libres para expresarse sin ser juzgados.
Por todo ello, el juego con disfraces no es un simple pasatiempo. Es una herramienta poderosa para crecer, aprender y comprender lo que sienten. Cuando los adultos valoramos este tipo de juego, les ayudamos a seguir creando e imaginando con libertad y confianza.